El 27 de Agosto de 2011, un grupo de 23 personas estábamos en el campamento Ngiri, en mitad del Serengueti. Viajábamos a bordo de un camión de Kananga recorriendo la ruta Memorias de África Aventura.
Estaba anocheciendo y era la hora de ducharse. Habíamos oído que quizás hubiese agua caliente. Camino de las duchas nos encontramos un Impala tomando su cena al lado del campamento.
Abro el grifo y espero notar un líquido caliente cayendo por mi cuerpo, pero lo único que noto son cubitos de hielo golpeándome. Espero, el agua mejora, espero un poco más pero la temperatura no aumenta. Saltando y maldiciendo el grifo me meto bajo el flujo del agua, me acostumbro y dejo de saltar y gritar.
Abro el grifo y espero notar un líquido caliente cayendo por mi cuerpo, pero lo único que noto son cubitos de hielo golpeándome. Espero, el agua mejora, espero un poco más pero la temperatura no aumenta. Saltando y maldiciendo el grifo me meto bajo el flujo del agua, me acostumbro y dejo de saltar y gritar.
Cuando me dispongo a salir de las duchas dos puntos amarillos entre la maleza se clavan en mis ojos y sin pensármelo dos veces enciendo el frontal que me prestaron unos amigos y lo veo, veo las curvas de un búfalo en la lejanía. ¡¡Vaya susto!! mejor no salir al baño por la noche.
Para tranquilizarnos, nuestra guía comenta que el león puede que esté a más de 6 kilómetros, aunque no nos quita el miedo nos sentimos más tranquilos. Vuelve a sonar, pero esta vez diferente y más cercano. De repente una sombra aparece por detrás de la cocina, tensión.
¿Y ahora qué hacemos?
Se le empiezan a notar los rasgos, no es muy grande, con un color oscuro, teniendo el lomo más claro, como arena. Lleva una marca con una forma un tanto extraña. Esa forma me suena, ¡si es el logo de Kananga! ¡no es un león, es nuestro cocinero! ¡Uf! Eso si que ha sido un susto. Nuestro cocinero Panga había imitado el sonido de un león con una botella vacía. Todos nos reímos y comentamos lo ocurrido para divertirnos.
De pronto suena un rugido, nos callamos e inmediatamente miramos al cocinero: ¡no!, él no ha sido. Nos miramos unos a otros. Se notan los nervios en el ambiente. Terminamos de recoger y nos marchamos rápidamente a nuestras tiendas.
Me duermo sin ningún problema y a la mañana siguiente repaso lo ocurrido, recuerdo el rugido, ese rugido que nos cautivó y nos hizo temblar, ese rugido que aún en la lejanía se oía cerca, ese rugido que nunca olvidaré porque es lo más bonito que han escuchado mis oídos.
¿Y ahora qué hacemos?
Se le empiezan a notar los rasgos, no es muy grande, con un color oscuro, teniendo el lomo más claro, como arena. Lleva una marca con una forma un tanto extraña. Esa forma me suena, ¡si es el logo de Kananga! ¡no es un león, es nuestro cocinero! ¡Uf! Eso si que ha sido un susto. Nuestro cocinero Panga había imitado el sonido de un león con una botella vacía. Todos nos reímos y comentamos lo ocurrido para divertirnos.
De pronto suena un rugido, nos callamos e inmediatamente miramos al cocinero: ¡no!, él no ha sido. Nos miramos unos a otros. Se notan los nervios en el ambiente. Terminamos de recoger y nos marchamos rápidamente a nuestras tiendas.
Me duermo sin ningún problema y a la mañana siguiente repaso lo ocurrido, recuerdo el rugido, ese rugido que nos cautivó y nos hizo temblar, ese rugido que aún en la lejanía se oía cerca, ese rugido que nunca olvidaré porque es lo más bonito que han escuchado mis oídos.



